viernes, 9 de marzo de 2018

La primera guerra



Mientras cierro la bolsa de los peluches miro la devastación que hay a mi alrededor, es increíble que todo esto estuviera lleno de vida hace apenas unos años, que por las calles de esta pequeña urbe correteasen niños. Es casi irreal que esta bolsa de peluches haya resistido indemne los bombardeos al igual que nosotros. Todo lo que queda son cascotes de lo que antes fueron viviendas y comercios, polvo, despojos de ropa y objetos rotos que antaño fueron parte de un hogar y que ahora no son ni recuerdos. Los bombardeos han borrado hasta los recuerdos.
Cargo la bolsa al hombro y camino hacia el refugio donde quedan los últimos restos de humanidad que han dejado las explosiones, allí resistimos unos pocos entre hambre y sollozos, tratando de conservar una esperanza que cada día se nos escapa más entre los dedos como si solo fuese un puñado de arena. Por el camino me cruzo con algunos soldados, mensajeros de la muerte, no sé ni de qué bando son ni me importa, de hecho no sé ni en que bando estoy yo. Solo somos juguetes rotos dentro de una pesadilla.
Marte aún es un planeta joven para la vida, no hace ni cincuenta años marcianos que llegamos aquí, no llega a diez que podemos respirar en el exterior y ya hemos hecho la primera guerra. No importa mucho cómo se inició, si no fue la política fue la religión y si no alguna otra idiotez sin valor, pero ya estamos a punto de exterminarnos y devastar lo construido. Con un poco de suerte moriremos todos y solo quedarán las plantas y animales que trajimos con nosotros desde la madre Tierra, quizás así el planeta tenga alguna oportunidad de continuar con vida.

Lógica infalible

—No es cierto que tengan siete vidas. —¿Quiénes? —Los gatos. —¿Por qué? —¿Por qué qué? —Que por qué los gatos no tienen siete vid...