martes, 27 de noviembre de 2018

Dioses


Todo lo que conocían se debía a un pequeño error en sus conexiones neuronales, un error con respecto a lo que consideramos “normal” ya que la mayoría no percibimos el mundo así. Ese pequeño “error” se conoce con el nombre de sinestesia, y hace que ella pueda disfrutar del aroma de los colores, y él paladear los sonidos. Bueno, disfrutar a veces, porque algunos colores hieden y ciertas palabras saben a barro, otras a cera, y algunas es mejor no saborearlas nunca.
Esta singularidad les hizo especiales cuando ellos llegaron. Nunca supimos de dónde ni por qué, solo se oía un “pup” y ahí aparecía uno de ellos, no importaba si estabas haciendo el amor, conduciendo, rezando en una mezquita, atracando un banco o saltando en paracaídas, sonaba un “pup” y ahí tenías flotando ante tus narices una de esas bolas viscosas de color. Lo peor no era su aspecto, ni la sorpresa, lo realmente horrible era que brillaban como demonios en mil tonos multicolores y sonaban como carracas chirriantes.
Al principio todo fue pánico, hasta que vimos que no eran agresivos. Entonces la cosa fue a peor. Empezaron a golpearlos, atraparlos, estudiarlos, pero cada vez que alguien siquiera rozaba uno, este se dividía en dos, y si lo golpeabas, en decenas. Y si los encerrabas se multiplicaban en cientos que escapaban haciendo su infernal “pup”. La locura se apoderó del planeta.
Entonces aparecieron ellos, Adán y Eva, como ahora los conocemos. Ellos entendieron sus luces y sonidos, entendieron cómo funcionaban. De la noche a la mañana se convirtieron en héroes, ¡en dioses!
Y se lo creyeron.
Les hicieron brillar y sonar como nunca antes hasta que nos rendimos a sus pies para que los apagasen.
Ahora los únicos dioses verdaderos gobiernan el mundo a su antojo.

Retromorfosis


Definitivamente era yo, pero iba a dejar de serlo en cuanto supiese que había pasado y cómo solucionarlo. Porque ahí estaba yo, frente al espejo, gigante, pálido y con una cara plana como una pared de esas por las que antes me gustaba subir, pero que ahora me resulta una barrera infranqueable, mis extremidades no se adhieren a ninguna parte y mi equilibrio es más que precario, ¿Cómo se puede uno mantener solo sobre dos patas? Quiero el resto de mis extremidades y volver a ser la cucaracha que era, esto de ser humano es un asco.

La Cámara de los Horrores

Todos sabíamos que tras aquella puerta nos esperaba el horror. Nunca hablábamos de ello, pero todos lo sabíamos. Más de una vez habíamos co...